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Es lo que hay - o como tu curso de preparación al parto te prepara para la violencia

*Post de partera bloguera invitada Saskia Vargas


Cada día se visibiliza más la violencia hacia las mujeres en sus diferentes formas, todos los días mujeres son asesinadas, son violadas, son eliminadas como basura, son agredidas caminando o tomando un taxi, son sometidas a series de intervenciones durante el parto y cada día así como se visibiliza, a su vez también se normalizan los “Ay, pero si solo fue un piropo”, “Qué exagerada”, “Tú bebé está vivo, no te quejes”, “Aquí nos tocó vivir, acostúmbrate”.


Todo esto dio pie a que me replanteara a qué punto hemos llegado que tenemos que educar para que no nos violenten. Soy una creyente de que la información da poder y que el informar da paso a visibilizar y por ende eliminar la violencia. Pero en serio, escuchamos decir, toma esta clase de karate, defensa personal porque está más normalizado aprender a defenderse que luchar por erradicarla y porque simplemente no exista LA VIOLENCIA. Lo mismo pasa en el parto, como partera de casa tengo que informar y orientar a las parejas sobre las prácticas que se han normalizado dentro del sistema de salud y que están clasificadas dentro de la violencia obstétrica. No son necesarias, mucho menos están justificadas pero se hacen de rutina, ya sea por miedo, ya sea porque "así me educaron" o porque queda ambigua la norma o lineamientos de atención dando pie a que se intervenga “según el criterio médico” (aunque hay mucha evidencia que dicta lo contrario tanto en nuestras guías clínicas mexicanas , revistas médicas y organismos internacionales ).


Me alarma (y aplaudo) que en los cursos de preparación al nacimiento impartidos por doulas TODAS tengan una clase dedicada a explicar acerca de las intervenciones innecesarias (tricotomía, enema, inducción, amniorrexis, monitoreo electrónico fetal, tactos vaginales repetidos realizados por diferentes proveedores de salud, etc), que cuando las mujeres lleguen con sus proveedoras/es de salud exijan sus derechos sobre su cuerpo, no caigan en la mentira de "eres chiquita y tu bebé no podrá pasar por tus caderas" o "ya se venció el tiempo para que nazca tu bebé". Inclusive se realizan planes de parto para que estén “seguras” de que no se les realizarán intervenciones sin su consentimiento y dejar informado tanto a su hospital, médica(o), partera lo que espera para la bienvenida de su bebé. Puse “segura” entre comillas ya que aun contando con un plan de parto, si el hospital, médica/o o partera no confía en el cuerpo de la mujer y en su bebé, no reconoce que el parto es un proceso fisiológico en el que entre menos se intervenga mejores resultados habrá, estas intervenciones serán ejercidas bajo la carta “lo hacemos por tu bebé pues corre riesgo” y buum por obra y arte de magia todo lo que sabías de evidencia, intervenciones innecesarias, derechos de tu cuerpo se viene abajo porque hasta ahora no conozco ninguna mujer en parto que desee algún mal para su bebé, sino todo lo contrario: desean conocerse pronto, tenerse en brazos y ahí esa seguridad que tenías con tu plan de parto se desvanece.


Mucho de lo que piden en estos planes de parto es RESPETO. ¿No es irónico pedir respeto en un momento en el que cualquiera asumiría que vas a tener respeto y que pedirán permiso y autorización antes de hacerles cualquier tipo de procedimiento? Piden CONFIANZA, no ser objetas sino sujetas y esperan recibir una atención basada en su bienestar y el de su bebé y no ser engañadas para beneficios del personal de salud y de la institución. Piden INDIVIDUALIDAD, ya sea espacios privados para su atención, que sean vistas como mujeres y no como robots, que sean vistas como individuas con procesos (emocionales, físicos, espirituales) diferentes a los de cualquier otra mujer que esté a su alrededor. Piden ACOMPAÑAMIENTO, no estar abandonadas y solas dentro de una institución fría rodeada de desconocidos. Piden COMUNICACIÓN, ser llamadas por su nombre, que se les explique la valoración que hacen en su cuerpo. Piden, piden muchas cosas cuando esto no debería ser una cuestión de pedir sino una cuestión básica y obvia que cualquier mujer tendría que tener durante el nacimiento de su bebé.


También me incomoda que para poder informar dentro de cualquier institución tienes que entrar con la cara linda e inofensiva, de que todo lo que quieres brindar a la población no va en contra de la institución ni de sus trabajadora/es. La semana pasada realizamos diferentes charlas referentes al 25 de Noviembre, Día Mundial de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y como tema queríamos abordar la violencia obstétrica. Y pasaban dos cosas; en primera no se nos autorizaba tocar el tema violencia obstétrica, “porque imagínate ahora dice esa ley que no puedo hacer un episiotomía para que no se atore bebé y la mujer ahora se va quejar” (la directora del espacio) y dos, era platicarles a las mujeres sobre una violencia que existe dentro de las instituciones, rutinaria, que no discrimina (pues si eres mujer al menos dentro del sistema público la vas a vivir) y aparte de la cual no podrían escapar o tener opciones. Entonces quedamos en la disyuntiva de qué hacer, utilizaríamos el espacio no para decir que las cosas están bien pero si para brindar información al menos de qué es el trabajo de parto y lo que tu cuerpo sentiría tratando de reducir los tiempos de las mujeres dentro de estas instituciones y la probabilidad a ser violentadas. Pero aun así quedas con el trago semi amargo de no poder decir la historia real o completa, pero a la vez quieres continuar con los espacios abiertos para poder seguir brindando información.


Y entiendo que los cambios no se generan de la noche a la mañana, pero como decía en el artículo anterior mi compañera Hannah: no es suficiente, no es suficiente introducir una cama de “parto humanizado” si ahora a todas las mujeres se les va obligar a parir sentadas porque es lo normal (entonces no hemos entendido nada), no es suficiente con que podrá entrar el esposo a acompañarla durante el trabajo (si está tenso de miedo pues no sabe cómo es un parto y nada más se le dice que haga todo lo que el médico le ordene), no es suficiente tener doulas dentro de hospitales si no hay parteras que comprendan la fisiología de la atención de un nacimiento, no es suficiente que la cámara de diputados apruebe una reforma nombrando la violencia obstétrica sin que se hagan capacitaciones dentro de hospitales desde el policía que te recibe en la puerta hasta directivos de los mismos, reformas estructurales en los hospitales y educativas para todo el personal de salud, que el estado asuma su responsabilidad y no se sancione al personal que estaba aquella guardia (que muchas veces es el que paga los platos rotos del sistema de salud).


Lo sé, son muchos cuestionamientos y mucho aún por hacer. No, no se siente bien tener que informar acerca de que existe una violencia allá afuera pero por ahora lo creo una herramienta básica y necesaria y aplaudo a toda aquella persona que la visibiliza nombrándola y no ejerciéndola. Seguramente muchas/os compartimos el mismo sentir, para dónde estamos yendo si llevamos años escuchando lo mismo y pocos o nulos cambios, queda no desistir, queda no bajar el animó y queda pensar que aunque sean pasos pequeños allá afuera hay una población que ya está accediendo a una atención digna de calidad y calidez.


Foto de Greta Rico


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