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El parto en casa no es parto humanizado

"Yo estoy aquí porque busco un parto humanizado", "Yo no quiero una cesárea", "Quisiera un parto en agua". Las mujeres que vienen a buscarnos a las parteras casi nunca dicen que están aquí porque buscan partera. Casi siempre están aquí porque saben lo que no quieren.


No quieren maltrato. No quieren una cesárea innecesaria. No quieren violencia. No quieren ser separadas de sus bebés. No quieren intervenciones rutinarias innecesarias. No quieren ser objetos del proceso.

Quieren ser protagonistas.


Desde hace varios años hay un auge de lo que se llama (en Latinoamérica especialmente) "parto humanizado" y se llama así en afán de enfatizar que la humana, la mujer está en el centro de las decisiones.

Es una idea muy buena, es un avance en el trabajo contra la violencia obstétrica, la violencia sexual, física y emocional que viven las mujeres en la atención de sus partos. Se ha hablado mucho, se han hecho recomendaciones, hasta la OMS acoge el término y hace recomendaciones para una experiencia de parto positiva. Y eso lo aplaudo, me gusta que se esté hablando de la necesidad de cambiar la atención.

Y aquí es donde viene el "pero" que estaban esperando.



No es suficiente poner una tina en un hospital cuando las/los médicas/os no la quieren/saben usar.

No es suficiente meter a doulas en un hospital cuando todo lo que pueden hacer es apretarle la mano a la mujer mientras le hacen la episiotomía.

No es suficiente inventarse mesas obstétricas especiales cuando podrían voltear a ver todo lo que usamos, hacemos y somos las parteras para atender.

No es suficiente "dejar" que las parteras acompañemos a mujeres en sus partos en hospital cuando somos testigas de como las/los gines hacen kristeller, tactos sin cesar, "estiran" la vagina cuando bebé viene coronando, llaman a la mujer "gordita" y después se congratulan por haber hecho un trabajo "en equipo" con esa linda partera (violación, hola).

No es suficiente formar parteras en escuelas y jactarse de apoyar la partería para que al final hagan prácticas bajo la supervisión de ginecólogas/os y no aprendan a atender en el modelo de partería.

No es suficiente publicar guías y reportes de como llevar a cabo un "parto humanizado" cuando las/los estudiantes de medicina se graduan sin jamás haber visto un parto fisiológico y no intervenido.

No es suficiente gastar millones de dólares en fortalecimiento de la partería sin abordar las raíces del problema.


Sin abordar el contexto patriarcal en el que vivimos. Sin hablar de justicia reproductiva y de derechos. Sin recordar que las mujeres vivimos silenciamiento a lo largo de nuestras vidas y eso muchas veces no cambia en el curso de un embarazo. Sin entender que las parteras venimos de más de 200 años de opresión, criminalización y desprecio. Sin echarse un clavado en la formación médica y de como entonces se crea un sistema de violencia estructural contra las mujeres (y parteras).

Todo este legado pesa y pesa todos los días de nuestras vidas.


El 25 de Noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Cada año salimos a marchar, a exigir, a gritar, a llamar la atención. Cada año hablamos del recuerdo de las hermanas Mirabal, asesinadas un 25 de Noviembre de 1960 en República Dominicana y gracias a ellas (y muchas más) el tema de la violencia contra nosotras está en la mesa más y más y más.

Pero apenas tiene unos años que, cuando hablamos de la violencia contra las mujeres, mencionamos también la violencia que vivimos en los servicios de salud sexual y reproductiva, la violencia obstétrica. Y hay leyes en algunos estados del país que la tipifican como delito. Y hay esfuerzos por informar a las mujeres sobre su existencia. Hay programas para médicas/os. Y la Secretaría de Salud personificada por hombres muy serios, se jacta de incluir a las parteras en sus reportes y de haber diseñado un modelo de partería.

Y yo no dudo de la buena intención de muchas personas dentro de la Secretaría.


Pero tampoco ignoro que en la realidad, las parteras ejercemos dentro de un sistema que solo nos apoya de la boca para fuera.


Así como el sistema (y muchas personas que conforman el sistema) tiene miedo de que pintemos paredes porque desaparecen y asesinan a mujeres todos los días, así como envuelve sus monumentos en papel burbuja, así como moviliza un despliegue de polícias el 25 de noviembre para "proteger la ciudad de las peligrosas feministas", así no quiere que paramos en casa o atendamos partos en casa. Sí habla de cuotas de género, celebra el 8 de marzo, reparte silbatos contra el acoso en el metro (WTF?!), pero carece de políticas públicas, voluntad y cambio social verdaderos para asegurarnos una vida plena a las mujeres. Y sí habla de parto humanizado y de doulas y de tinas pero carece de políticas públicas, voluntad y cambio social verdaderos para asegurar una atención centrada en la mujer y en sus decisiones.


El parto en casa no es un parto humanizado. El parto en casa es otro paradigma. El modelo de partería escucha a las mujeres. Las mujeres toman las decisiones.

Las parteras no solo somos amables, las parteras no hacemos nada que las mujeres no quieran. Las parteras no partimos de recetas, partimos de mujeres. Las parteras observamos. Las parteras tenemos pocos protocolos. Las parteras estamos con las mujeres. El parto en casa no es un parto humanizado porque no tiene una historia violenta que le anteceda y a la que tuviera que reaccionar, poniéndose los apellidos de "humanizado" y "respetado". Esos adjetivos solo demuestran tácitamente que toda la demás práctica es violencia.


Dice Barbara Katz-Rothman en su último libro que "hay un cuerpo de conocimiento que se desarrolla en el parto en casa que no puede ser desarrollado en la atención institucionalizada. Las mujeres paren diferente en lugares extraños, con gente extraña yendo y viniendo que en sus propias casas." El parto en casa no es un parto humanizado porque no es "como un parto en hospital, solo con más calidez". Es rádicalmente diferente. Es el parto de las mujeres. Es el tiempo de las mujeres. Es el proceso de las mujeres.


No me malentiendan. Yo creo importante que el modelo de partería exista dentro de los hospitales (y hablo del modelo como una filosofía de atención, no es suficiente meter a parteras al hospital para que ellas tengan que hacer episiotomías bajo la supervisión de un gine). Yo creo importante que las mujeres tengan todas las opciones - casa, casa de partería y hospital. Y sé que no todas las personas de las instituciones ejercen violencia pero sí suficientes para que sea un problema sistémico. También creo importante hacer un análisis crítico del discurso institucional y llamar las cosas por sus nombre.


Cuando Raquel Pozzio habla de la obstetricia y dice que "... esta especialidad, (es) señalada por tantos autores como uno de los principales dispositivos científicos producidos con la finalidad de controlar el cuerpo y la sexualidad de las mujeres", reafirmo que mi quehacer como partera feminista es radicalmente opuesto a lo que la sociedad y la medicina entienden por obstetricia. Por eso es más fácil poner una tina en un hospital y decir que ahí hay parto humanizado que promover un verdadero cambio que vea a la mujer como tomadora de decisión en su propia vida. Porque justo eso último es lo que la obstetricia como dispositivo de control de las mujeres menos busca. Y claro que eso pasa sin que la mayoría de personas que participan dentro de ese sistema lo tengan consciente - séase médicas/os, séase mujeres usuarias. Por eso es aún más importante nombrarlo, articularlo, decirlo.



El discurso sobre parto humanizado se queda en la superficie y en mero discurso porque como pone una amiga en su tesis sobre el análisis crítico del discurso sobre la atención hospitalaria del nacimiento "...sin el cuestionamiento respecto al papel que tiene el régimen simbólico patriarcal y el discurso de género en las prácticas médicas, aunque se busque promover un modelo de atención diferente, antes se pone en el centro de la atención la

promoción de prácticas humanizadas que a las mujeres como sujetas tomadoras

de decisión."


No bastan tinas en las salas de parto para esconder el "mamacita, si no pujas mejor, tu bebé nace tonto".

No basta decir que "dejan" entrar a las parteras con sus huipiles "pero limpios" para tapar el "si te atiendes con partera, te quitamos el apoyo".

No basta decir que se apoya a las parteras cuando no nos aceptan a las mujeres que trasladamos por una patología que sabemos necesita apoyo hospitalario.

No bastan los discursos de parto humanizado cuando en realidad las mujeres y las parteras no importamos.


Y lo diremos, lo gritaremos, lo nombraremos cuantas veces sea necesario. Haremos análisis, reflexionaremos, marcharemos. Criticaremos discursos y propuestas superficiales. Porque estamos hartas de la violencia, estamos hartas de promesas, estamos hartas de soluciones a medias, estamos hartas del gaslighting ("exageradas, si ya tienen tinas!"), estamos hartas del maltrato cuando buscamos atención a nuestra salud, estamos hartas de no ser tomadas en serio, estamos hartas de ser ciudadanas de segunda. Porque lo queremos y lo merecemos todo.

Y que arda todo lo que sea necesario para que nosotras valgamos más que sus discursos y sus paredes.

















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